Gran premio en el Casino de Colchagua
Hay historias que a uno lo motivan. Hay historias que hacen que uno se replantee algunas cosas y crea con más fe que finalmente todo llega. Ésta es una de esas historias. El pasado viernes, Rosa Pastene Quintanilla, oriunda de San Vicente, Chile, como muchos viernes en su vida, se dirigió al Casino de Colchagua para cortar con la rutina semanal, relajarse y apostar. Fue con su marido y con 750 pesos chilenos (casi USD 1.5).
Con tan pequeña inversión parece imposible un golpe de suerte. Pero no. Como diría un genio del arte del slogan, nada es imposible (inútil aclarar que el slogan en inglés es mucho mejor).

Una pequeña inversión
En el casino de Colchagua, Rosa jugaba a los slots. Su inversión era mínima. (Después de recibir su premio, Rosa sostendría que para ella el casino cumple una suerte de función terapéutica, sosegante si se quiere). Ocupaban la máquina 12196: ella y su pequeña inversión.
De un momento a otro, el gritó de Rosa estalló en la sala: “gané, gané, gané”, repetía como tratando de convencerse de algo que parecía imposible. Pero no lo era. Rosa, con su pequeña inversión a cuestas, había logrado sacar el premio más grande que pagara una máquina tragamonedas en el casino de Colchagua: 6.388.390 pesos chilenos (unos USD 12.674,11).
“Gané, gané, gané”, repetía Rosa. Ejecutivos del Casino se le acercaron, la felicitaron por el premio y corroboraron la cantidad, que Rosa no sospechaba fuera tan abultada. Luego vinieron los aplausos, el brindis con champagne y las felicitaciones de las autoridades y del resto de los jugadores.
Todos festejaron, porque historias como la de Rosa son las encargadas de renovar el sueño, las que nos hacen preguntar por qué a mi no. Y jugamos, un poco como Rosa, de manera terapéutica, y otro poco como ella, con el sueño de cambiar nuestra realidad.





