El valor del juego
Hay quienes no entienden el basamento del juego. Hay quienes no alcanzan a observar el valor poético de los juegos de azar. Y de todos los juegos en el mundo de las apuestas, hay quienes no entienden a la ruleta, la reina del casino.
Esta gente no la entiende y busca ganar, desarrollan sistemas, se autoconvencen, mancillan el lugar del jugador. Porque el juego es algo más, ya lo hemos dicho. El juego es un universo muy rico donde todo puede ocurrir.

La ruleta es la reina del casino.
Martingalas
Quienes no entienden el juego suelen recurrir a complicados sistemas de apuestas que pueden resultar ventajosos en una, dos o tres jornadas; pero que finalmente caerán ante el poder de las matemáticas. Porque a no engañarnos, que las matemáticas están del lado de la casa.
Estos complicados sistemas se hallan cada vez más generalizados. Uno de los primeros es el conocido por el término que hoy en día se ha convertido en una especie de nombre genérico para todos ellos: la martingala. Con este nombre se conoce a un sistema de apuestas que fue muy famoso en el siglo XVIII francés (si hablamos de valor poético, cómo no referirnos a Francia) y que se utilizaba para apostar cara o cruz.
Pero el término “martingala” hoy ha hinchado su referente: con él nos referimos a todo sistema de apuestas que tienda a buscar la forma de juego perfecto. Como tal, la martingala es una falacia.
Analicemos el caso más conocido. Apostar a chance, rojo o negro, y doblar cada apuesta sucesiva hasta ganar y volver a la apuesta inicial cuando esto ocurre. ¿Funciona siempre este sistema? No. Y no funciona porque para que funcione deberíamos contar con un capital infinito para poder hacer frente a todas las series que salgan (y además existen otros factores como la presencia de cero o doble cero y los límites para chance que manejan algunos casinos).
Así, quienes creen en martingalas no sólo se equivocan en términos matemáticos, sino que tampoco son capaces de ver el verdadero poder del juego, su valor: ese espacio donde hay algo más que dinero en juego, ese espacio donde existe una poética del entretenimiento.

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